Se me han quejado porque llevo mucho tiempo sin escribir nada... Realmente no ando muy inspirada, pero voy a intentarlo "a pelo", que no se diga...
Cayó al recibir el impacto de la piedra en el cráneo. Una piedra que no había visto venir, aunque a lo largo de toda su vida hubiera estado preparada para evitarla. ¿De quién era la culpa? ¿Suya? No... lo único que había hecho fue enamorarse, y eso no era ningún error... ¿o sí? ¿Acaso aquel chico no le convenía? Eso decían todos... pero no estaba muy claro que fuera verdad. Después de todo, lo importante era que se hicieran felices el uno al otro, que lo pasaran bien juntos, y aquello sí que lo habían conseguido.
Quizá por eso no entendía ahora a qué venía todo aquello. Por qué, sin más, ahora le hacía todo aquel daño, por qué la dejaba tirada allí, inmóvil y sin apenas poder ver lo que ocurría al otro lado del velo que cubría sus ojos verdes, por qué seguía habiendo gente así, y, sobre todo, por qué le había tocado a ella... Aunque eso era algo que todas las mujeres que lo sufrían se preguntaban. ¿Qué habían hecho mal? Quizá nada, quizá sólo fuera una piedra destinada a causar daño, pero no a herir; quizá aquel que la dejaba a su espalda lo había tenido planeado desde el principio, todo podía ser...
Y entonces venía la otra pregunta, la que todas se hacían antes o después: ¿lo habían visto venir? Quizá sí, aunque inconscientemente. ¿Y por qué no habían huido cuando estaban a tiempo? En esto, todas coincidían, al menos en dos aspectos: el primero, como siempre, el amor; el segundo, la esperanza de que aquel hombre amado pudiera cambiar antes o después. Y, mientras tanto, lo soportaban callando... disimulando heridas que, aunque no fueran físicas (o al menos no todas ellas), las envenenaban lentamente, acabando por matarlas.
¿Por qué no se había hecho la otra pregunta? La de "¿cuántos eran como él y han conseguido cambiar?" ¿Por qué no había huido? ¿Por qué...? Quizá... Pero todo son conjeturas. Quizá estaba destinada a no descubrirlo nunca...
Al día siguiente, llantos, ambulancias, sirenas de policía buscando a aquel hombre, a uno más para ellos, pero ÉL para los vecinos, para todos los familiares y amigos que, en un barrio olvidado del mundo, juraban venganza a través de una pantalla de televisión.
"Estés donde estés... prepárate."
Bueno, pues ahí queda. Creo que de momento no lo voy a releer, ya me arrepentiré mañana. ¡Buenas noches!